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Hace unos días mientras hablaba con Eva acerca de conceptos, encuadres, tipos de abordaje en torno a la ansiedad, surgió algo que siempre nos preguntan cuando llegan a consulta…

“¿Oye Ale, esto que tengo se me pasará?” 
«¿La ansiedad tiene cura?”

Bueno, menuda pregunta esta… la ansiedad es en sí un paquete donde habitan una multiplicidad de situaciones y sensaciones (o sentires) muchas veces activadas por la percepción de peligro o riesgo.. pero esto no termina aquí… además tienen origen diverso (bio-psico-social).

Entonces tal vez esas preguntas estén mal formuladas, ¿qué quiero decir?

Pues que esas preguntas están centradas en el síntoma no en qué o quién lo provoca…

Una buena pregunta seria a lo mejor esta: “Puedo cambiar?”, “Puedo sanar?”

Y aquí cambia todo… porque nos empoderamos y nos hacemos responsables de aquello que nos sucede.

Este es un gran primer paso.

Otra buena pregunta sería «¿qué factor dispara mi ansiedad?»

Bien, difícilmente haya uno solo, se alternan, rotan, y se reagrupan. Su origen bio-psico-social, los hace a veces “ser ansiosos” y en otras es sólo un “estar ansiosos” esto les da carácter de transitoriedad o permanencia… eso sí, todas las personas pueden modificar, regular y así lograr calidad de vida si identifican estos disparadores.
Mientras escribo recuerdo otras preguntas,

“¿Deberé hacer tratamientos toda mi vida?”

Yo personalmente creo que no (en la gran mayoría de los casos), esto depende de ocuparnos con
seriedad de nosotros mismos. Tomar decisiones que nos alejen de las circunstancias que actúan
como disparadoras de nuestros estados de ansiedad, esto nos alejará claramente del síntoma y
bajará ciertamente nuestros niveles de estrés, pero para ello deberemos ocuparnos de nosotros y
nuestras necesidades primarias (de afecto y seguridad).

Algunas veces los estados o trastornos de ansiedad cohabitan con otras problemáticas
que no son atendidas en tiempo y forma, esto vulnera la evolución de los procesos terapéuticos
provocando a veces retrasos en la visibilidad de los avances en el proceso.
En un mundo centrado en la inmediatez y el éxito es complejo no generar estados de ansiedad al ser confrontados en nuestra cotidianeidad en cuanto a la efectividad y rapidez de nuestras respuestas.

Sacar tiempo para hacer una pausa, ser escuchados, escucharnos, respirar, aceptarnos, poner palabras a aquello que nos sucede nos aleja día a día del síntoma centrándonos en nosotros mismos y nuestras necesidades primarias no respondidas.

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