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A nadie se le hace extraño que un adolescente estalle en un ataque de ira contra sus padres. El estereotipo del adolescente rebelde que pone los ojos en blanco y da un portazo incluso se usa como una broma, pero si eres una madre o padre que se enfrenta a esta realidad, sabrás que no tiene ninguna gracia.

Los arrebatos dolorosos, los cambios de humor impredecibles y las discusiones frecuentes por absolutamente todo, (la escuela, los amigos, la ropa o quién pone la mesa), pueden hacer que los padres sientan que no hay nada que puedan hacer (o no hacer) para evitar el estallido.

La ira, la irritabilidad y la susceptibilidad es algo que siempre ha acompañado a los adolescentes. Siendo realistas, los adolescentes tienen razones para sentirse irascibles. La pandemia ha creado un año de frustración y confusión. Sin escuela,  sin socializar, sin salir, sin fiestas, sin citas. Pasaron incontables horas frente a las pantallas y fueron recluidos junto a sus familias. Sienten presión en los estudios y para terminar de concluir quiénes son. A esto hay que sumar el cóctel de hormonas que se segrega a esas edades.

Puede que sepamos todo esto, pero como padres nos sentimos inútiles, asfixiados, con la sensación de no llegar, de no vivir, de hacerlo mal…

¿Qué pueden hacer los padres y madres para gestionar esos ataques de ira de sus hijos adolescentes?

En este artículo te lo contamos.

Los adolescentes también se enfadan (todos lo hacemos)

La ira no es necesariamente mala, sino que es una parte importante del desarrollo de nuestra vida emocional.

Sin embargo, esta emoción tiene mala reputación porque los impulsos que le acompañan, gritar, pelear, ser desagradable con los demás, pueden ser dañinos y destructivos.

Los padres deben aprender y esforzarse por no ver el enfado adolescente como algo que debe disiparse o superarse, sino como una parte normal de ser una persona.

Encontrar formas saludables de lidiar con la ira puede ser un desafío incluso para los adultos más maduros, y para los adolescentes, la biología presenta dificultades adicionales. Aunque los adolescentes parecen básicamente adultos por fuera (e insisten en que lo son), sus cerebros y cuerpos aún están creciendo. «La corteza prefrontal, la parte de nuestro cerebro responsable de la resolución de problemas y el control de los impulsos, no se desarrolla completamente hasta mediados o finales de los veinte».

Los adolescentes también están llenos de hormonas como la testosterona y el estrógeno, los cuales pueden tener un gran impacto en el estado de ánimo. Cuando los jóvenes toman decisiones impulsivas o parecen reaccionar exageradamente a las pequeñas provocaciones, puede ser útil recordar que biológicamente están menos preparados que los adultos para lidiar con emociones abrumadoras, como la ira.

Descubre el origen de la ira

Ayudar a los adolescentes a aprender a hablar sobre las razones de su enfado puede ser muy importante. Es cierto que parte de la ira adolescente se puede atribuir a la tarea de empezar a separarse de los padres, y dejar de depender de ellos. Esta parte puede volver locos a algunos padres (Me necesita y 3 minutos más tarde me repudia).

Pero la ira también puede revelar problemas serios. La irritabilidad, los cambios de humor o los arrebatos pueden ser síntomas de trastornos como la ansiedad, la depresión e incluso adicciones. Las reacciones al trauma o las experiencias negativas que el niño o adolescente no puede afrontar también pueden manifestarse como arrebatos de ira. Incluso las pequeñas dificultades, como problemas escolares o problemas con amigos o relaciones, pueden disfrazarse de ira, especialmente si desde niños carecen de las herramientas necesarias para investigar y expresar sus emociones.

Entonces, ¿qué deben hacer los padres?

    Acércate e incentívalo a hablar

    Si encuentras que tu hijo está más enfadado o más irritable que de costumbre, no ignores el problema. En su lugar, hazle saber que esta situación se sale de lo normal e invítalo a hablar cuando esté listos. «Sé que estás enfadado. Quiero ayudarte. ¿Podemos intentar hablar?»

    Valida sus emociones y muestra respeto

    Cuando tu hijo esté listo para hablar, hazle saber que te tomas en serio sus sentimientos. Nuestras emociones son una herramienta de comunicación. Permiten que otros sepan cómo nos sentimos y nos ayudan a satisfacer nuestras necesidades. Como adultos, los problemas de la adolescencia pueden parecer tontos o demasiado dramáticos y exagerados, pero para tu hijo, los sentimientos son reales y dolorosos. Cuando tu hijo se enfade por algo, presta atención. No minimices ni ignores este sentimiento. No le digas que es una tontería ni que no tiene derecho a sentirse así. Ten en consideración y valida todo lo que siente, sin emitir juicios.

    Y lo sé. Es difícil no sentirse frustrado cuando la ira de un hijo adolescente generalmente se dirige hacia ti. Pero incluso cuando los niños están pasando por un momento difícil, confían en los padres como una influencia tranquilizadora.

    Controla tus reacciones

    Pero seamos realistas. Es difícil dar lo mejor de ti cuando estás bajo presión. A nadie le gusta que le griten o que le den un portazo en la cara. Los padres son humanos y los adolescentes pueden llevarnos al extremo. Es normal sentirse frustrado, confundido o enfadado.

    Si no «pierdes los estribos» en una situación límite, será una referencia y él probablemente sabrá manejar mejor este tipo de situaciones en el futuro.

    Además, es difícil permanecer enfadado cuando la otra persona mantiene la calma.

    Presta atención a tu lenguaje corporal y tono de voz. Cómo dices las cosas puede ser tan importante como lo que dices. Normalmente, tras la tempestad, los adolescentes reflexionan y muchas veces se arrepienten de su reacción, aunque su orgullo no les permita decirlo.

    ¿Cuándo buscar ayuda?

    La ira, la frustración, la exasperación son una parte normal del ser humano. Los adolescentes son propensos a tener sentimientos fuertes, pero si la ira de tu hijo adolescente está afectando negativa y desproporcionadamente su vida, puede ser el momento de buscar ayuda.

    Cada vez que hay violencia persistente sin control o agresividad o situaciones que no están necesariamente relacionadas con un acontecimiento, o si la explosión es realmente desproporcionada con lo que está sucediendo, son señales de alerta.

    Si la ira parece surgir de la nada o persiste pase lo que pase puede ser síntoma de algo más grave.

    El umbral de todos será diferente, Pero si el enfado de un adolescente está afectando su capacidad de funcionar, tiene consecuencias graves para la familia, o estás preocupado por que pueda pasar a daño físico, como pelear o lastimarse a sí mismo o a otros, es hora de salir y buscar ayuda psicológica de un profesional.

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