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Las emociones son poderosas. Tu estado de ánimo determina quién eres hasta tal punto de controlar cuánto gastas, qué comes, cómo respondes a los desafíos y hasta cómo pasas tu tiempo.

Tener el control de tus emociones te ayudará a sentirte más tú mismo de forma auténtica. Y sí, afortunadamente, cualquiera puede regular mejor sus emociones como cualquier otra habilidad, entrenándote para ello, con práctica, dedicación y constancia.

Verás, las emociones son respuestas a la información que recibimos en nuestra relación con el entorno. Según nuestra experiencia pasada, reaccionamos ante una situación de cierta manera (es por eso que no todos reaccionamos igual ante el mismo evento). La intensidad de nuestras emociones dependerá de cuánto creemos que el suceso afectará nuestro bienestar.

1. Diferencia entre emociones y sentimientos

En este artículo te daremos algunos consejos para gestionar tus emociones, pero antes es importante que hagamos una distinción entre emoción y sentimiento:

Emoción

Como vimos anteriormente, las emociones son la respuesta directa de nuestro cuerpo a una situación. Esta es una respuesta instintiva a lo que percibimos a través de nuestros sentidos.

Esta respuesta se da en el sistema límbico: podemos decir que el sistema límbico es el cerebro principal, el cerebro básico, el cerebro que ya teníamos en nuestros orígenes como Homo sapiens. Este sistema interactúa rápidamente con nuestras hormonas y no necesita mediar con estructuras superiores para responder, por lo que en estos casos actuamos sin pensar.

Sentimiento

Los sentimientos son el resultado directo de las emociones. A diferencia de las emociones, en la sensación hay una respuesta racional (en la que interviene el neocórtex). Es un estado emocional que es más estable, duradero y estructurado que las emociones.

En el sentimiento, las emociones se han asimilado y respondemos de ciertas maneras en función de nuestras experiencias pasadas, sesgos y tipos de personalidad (extrovertido, introvertido, etc.). Entonces, al sentir, las personas responden de una manera más compleja y adaptada al contexto.

2. Evalúa la importancia de tus emociones

No es cuestión de demonizar las emociones fuertes. No es algo que haya que eliminar por completo. Un sentimiento fuerte puede significar que abrazamos la vida y que no reprimimos nuestras respuestas naturales.

Es perfectamente normal experimentar una sobrecarga emocional de vez en cuando: cuando suceden cosas buenas, cuando suceden cosas malas, cuando estás nervioso…

Entonces, ¿Cómo saber cuándo son un problema?

Aquí te dejo algunas situaciones donde sí deberías trabajar la gestión de tus emociones:

Estas son sólo algunas, casi siempre las personas sabemos identificar cuando nuestras emociones están influyendo de manera disfuncional en nuestro día a día.

    3. Busca regular, no reprimir

    No puedes controlar tus emociones con un dial (¡si fuera tan fácil!).

    Pero vamos a imaginar algo. Si las emociones se manejaran con una maquinaria, seguramente no querrías tenerlas funcionando a plena potencia todo el tiempo. Consumiría demasiada energía. Tampoco querrías apagarla por completo, puesto que significaría que la máquina está rota.

    Cuando reprimes emociones, te estás impidiendo experimentar y expresar sentimientos. Esto puede ocurrir conscientemente o inconscientemente. Ambos casos pueden causar síntomas de salud mental y física, que incluyen:

    • Ansiedad
    • Frustración
    • Problemas para dormir
    • Tensión muscular y dolor
    • Dificultad para manejar el estrés
    • Abuso de sustancias

    A medida que aprendas a controlar tus emociones, asegúrate de no esconderlas debajo de la alfombra. La expresión emocional saludable implica encontrar equilibrio entre las emociones abrumadoras y la ausencia total de emociones.

    4. Determina cómo te sientes

    Bien, imaginemos que has estado saliendo con alguien durante unos meses. Intentaste planear una cita la semana pasada, pero finalmente ese alguien te dijo que no tenía tiempo.

    Claro, tu habías planeado esa cita con ilusión y ganas. Esperabas un sí. De repente estás embotado. Se te arruina el día, el fin de semana y  hasta te sientes patético. En ese momento tiras tu móvil contra el suelo.

    ¿Había otra manera de reaccionar?

    Seguro que sí.

    La próxima vez que te sientas abrumado por las emociones, prueba a hacerte algunas preguntas como estas:

    • ¿Cómo me siento ahora? (decepcionado, confundido, enfadado, triste)
    • ¿Qué pasó para que me sintiera así? (Me ignoraron sin explicación, supuse un escenario que al final no sucedió…).
    • ¿Existe una explicación diferente potencialmente significativa para esta situación? (Tal vez está estresado, cansado o lidiando con otras cosas que no nos ha explicado aún).
    • ¿Qué quiero hacer con estos sentimientos? (gritar, desahogar mi frustración tirando cosas, responderle de mala manera…)
    • ¿Hay una manera mejor de afrontarlo? (Puedo preguntarle si está bien, o si ha ocurrido algo). Tal vez puedes pedirle que proponga otra fecha. (Puedes hacer otras actividades como salir a caminar o a correr).

    Al considerar posibles alternativas, estás reformulando tu pensamiento, lo que puede ayudarte a cambiar su primera respuesta.

    Si somos impulsivos, costará tiempo que esta reacción se convierta en un hábito. Con la práctica, se vuelve más fácil (y más efectivo) y sabrás hacerte las preguntas adecuadas.

    5. Acepta todas tus emociones

    Decirse a sí mismo «cálmate» o «no es importante, así que no lo hagas» puede ayudar cuando estás hiperventilando después de una mala noticia o cuando estás a punto de responder violentamente.

    Pero si haces esto con cada emoción, estarás invalidando tu experiencia. Y eso es un gran problema para ti.

    Abrazar las emociones te ayuda a sentirse más cómodo con quién eres. Una mayor tolerancia a las emociones fuertes te permite sentirlas plenamente sin reaccionar de manera extrema e inútil.

    Para practicar la aceptación de las emociones, trata de pensar en ellas como mensajeros. No son «buenos» o «malos», son neutrales A veces pueden ser desagradables, pero aun así te dan información relevante que puedes usar.

    6. Usa tu respiración

    El poder de la respiración profunda y consciente tiene mucho que decir.

    Reduce la velocidad y observa que tu respiración no hace que la emoción desaparezca (recuerda que ese no es el punto). Sin embargo, tu estado se va transformando.

    Los ejercicios de respiración profunda y consciente pueden ayudarte a mantenerte conectado a tierra y dar un paso atrás desde el primer destello emocional fuerte y cualquier reacción extrema que desees evitar.

    La próxima vez que te sientas abrumado emocionalmente, prueba a conducir tu respiración:

    Inhala lentamente. La respiración profunda proviene del diafragma, no del pecho. Puede ser útil imaginar la respiración ascendiendo desde el abdomen.

    Mantén la respiración. Aguanta la respiración mientras cuenta hasta tres, luego exhala lentamente.

    Toma consciencia. Estás respirando. Estás vivo. Tus células se están alimentando de oxígeno, y el cuerpo ama el oxígeno.

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